viernes, 13 de marzo de 2015

Cronica de un viaje a Italia

El viaje a Italia comienza cuando un amigo nos dice que hay un vuelo de 32 euros ida y vuelta desde Madrid (España) a Bérgamo (Italia) (50km de Milán). Directamente nos decidimos, sacamos cinco pasajes, desde un miércoles a la mañana hasta el mediodía del martes siguiente. Seis días completos para intentar conocer Italia. Éramos cinco amigos, cuatro chicos y una chica que era la novia de uno de ellos.

Luego empezamos a ver a que ciudades podíamos ir, cómo ir, que transporte usar. Primero pensamos en el tren, una amiga me había contado que en su viaje a Italia, ella y su amiga lo habían usado, que compraron un primer pasaje que luego fueron cambiando porque nunca lo pasaban por una maquina verde antes de subir al tren. Por lo que siempre podían cambiar el pasaje por otro destino al no estar usado el pasaje. En su último viaje, el guarda del tren las engancho en su trampa, pero como se hicieron las boludas de que no tenían ni idea de que tenían que pasar el boleto por esa máquina antes de subir al tren zafaron de la multa. En su primer viaje realmente no tenían idea de eso después vieron la oportunidad de cambiar el pasaje y desde ahí se mandaron un increíble viaje gratis.
Vimos los precios de cada pasaje en tren, un promedio de 30 euros por persona cada pasaje. Así que por cada ciudad había que gastar 150 euros entre todos. Ya se estaba yendo el presupuesto al carajo. Pero como teníamos previamente la experiencia de haber alquilado un auto en España para ir desde Madrid a Barcelona, empezamos a investigar alquilar auto en Italia. Entramos a la misma página web que habíamos usado antes y vimos que podíamos alquilar el auto en el Aeropuerto de Bergamo y devolverlo en el Aeropuerto de Roma 3 días después por 50 euros, un éxito.

Ahí comenzamos a planear el viaje en auto por Italia, decidimos que la noche del miércoles fuera en Venecia, la noche del jueves en Florencia, la noche del viernes y sábado en Roma y por último la noche del domingo y lunes en Milán. Entonces comenzó la ardua tarea de elegir los Hostel de cada ciudad, es relativamente sencillo reservar por página web, pero la oferta es tanta, que se demora mucho tiempo en elegir cada Hostel, ver la ubicación, los comentarios de los que ya fueron, el precio, consultas con tus amigos que les parece y terminas decidiendo por alguno, le mandas los números de la tarjeta de crédito, cruzas los dedos y esperas haber tomado una buena decisión. Entonces cada día que pasaba teníamos un Hostel nuevo reservado.

La noche del martes, casi no dormí, todavía no tenía la valija armada y varias camisas sin planchar. Habré dormido desde las 4 hasta las 7, a las 9:45 salía el avión, entonces había que estar 8:45 como máximo en el aeropuerto de Madrid, teníamos una hora de metro desde del departamento. Entonces dije que como tarde había que salir 7:30. Pero no logramos salir hasta las 8, con muchas caras de culo por el sueño, salimos hacia el aeropuerto, uno quería una combinación de 2 líneas y yo quería otra que era usando 3 líneas de metro, sabía que era una buena elección la mía porque la había hecho unos días antes para encontrarme con una amiga. Llegamos en 50 minutos al aeropuerto, un éxito que les subió el ánimo a todos.

Hicimos el check-in en la ventanilla de la aerolínea porque a los extranjeros les controlan pasaporte y el pasaje antes de subir al avión, si el pasaje no está sellado, no viajas. Pasamos seguridad sin problemas, nos sentamos en el avión y a las 2 horas llegamos al Aeropuerto de Bergamo.
Fuimos a buscar el auto pero nos costó encontrar el lugar y después de unas vueltas nos dieron un Ford Fusion, entonces vimos que teníamos 116KM desde Bergamo a Verona y como era un lugar que estaba de camino a Venecia decidimos pasar la tarde ahí y conocer su magia.
Apenas llegamos a Verona teníamos un hambre importante, dejamos el auto con un parquímetro que no dejaba pagar más de 2 horas de estacionamiento.  Para apurar el almuerzo, decidimos entrar a un famoso local de comidas rápidas ya que el tiempo que teníamos no era mucho. Me habré pedido un clásico menú, pero lo gracioso fue cuando decidí ir al baño, estaba cerrado y había un pad numérico para poner una clave. Vuelvo a la mesa y en el ticket de la comida estaba la contraseña para entrar al baño. ¿Una buena idea o unos HDP?

Volviendo a Verona, es la ciudad que vio nacer a Romeo y Julieta, por lo que fuimos a conocer la “Casa de Julieta”, la tradición cuenta que ese edificio, del siglo XIII, era el palacio de los Capuleto (la familia de Julieta). Además tiene uno de los anfiteatros más importantes de la era romana y es el más grande después del Coliseo de Roma.

Volvimos al auto un poco apurados ya que ya era media hora tarde de lo habíamos pagado en el parquímetro, por suerte cuando llegamos, el auto estaba ahí y no había ninguna multa. Me senté en el asiento del conductor, fije el GPS hacia Venecia, 120 KM para el destino y arrancamos el viaje.
La ruta llamada Via della Libertá, termina con un puente de 4 KM que te lleva a la Isla de Venecia, cuando cruzamos ese puente, pensamos por alguna extraña razón que íbamos a poder andar un poco más que una rotonda, nos equivocamos y salimos por el puente hacia el continente nuevamente. 8 Km después estábamos en el mismo lugar, esta vez vimos un estacionamiento, nos mandamos, pagamos 35 euros la estadía y emprendimos viaje hacia el Hostel.

Las valijas con rueditas es lo mejor que te puede pasar en un viaje. Caminas miles de cuadras y no te cansas por más pesadas que estén, excepto en Venecia. Cada cruce de cuadra es un puentecito con una escalera. No quedaba otra que levantar la valija o cagarla a palos en la escalera como vi que hacia un amigo cuando la paja ganaba. Preguntando un poco, caminando otro poco, llegamos a la dirección del Hostel que había reservado unos días antes por Internet. Tocamos la puerta, el timbre, nadie salía, esperamos unos 10 minutos y no sabíamos que hacer. Decidimos que dos se iban a quedar en ese Hostel por si aparecía alguien, además serían los guardianes de todas las valijas y los otros fueron a averiguar si podíamos encontrar otro Hostel para quedarnos.

Fui uno de los que fue en busca de otro Hostel sintiéndome responsable del fracaso del que había reservado. Preguntamos en uno a dos cuadras y no tenía lugar. Nos miró con una cara de “no creo que consigan nada por acá, está todo ocupado”.  La desesperación por suerte no duro mucho, al ratito nos encontramos con uno que se había quedado en el otro Hostel, había aparecido alguien del Hostel, resulta que solo había ido al supermercado.

Volvimos y subimos una escalera al primer piso que parecía que estabas llegando mínimo a un tercer piso, una escalera eterna. La reserva nos había salido 10 euros, una noche para los cinco a 19 euros cada uno. Restaba pagar 85. Hacemos el check-in y nos dice que había que pagar 125 euros. La diferencia era porque había que pagar 5 euros por las sabanas y 3 más de un impuesto municipal cada uno de nosotros. Nos re cagaron, terminamos pagando 27 euros cada uno. Intentamos pagar con tarjeta de crédito, fallamos, no tenían. Siendo argentinos en Europa en el 2012 no era fácil conseguir efectivo, todos lo tenían contado hasta los centavos, excepto yo, que había vendido el auto en el momento justo antes del cepo y además había hecho el trámite en la AFIP por viaje de estudios y pude pasar muchos pesos a dólares al cambio oficial, por lo que agarre los 125 euros de mi bolsillo y pague por todos. Había armado un archivo de Excel que nos permitía saber quién había pagado de más y de menos. Por lo que ese gasto como muchos otros iría a parar ahí para administrar la plata de todos.

Volviendo a Venecia, salimos en busca de un lugar para comer, encontramos un Restaurant con buen estilo Italiano, pero atendido por un chino, era 12 euros por persona, no nos importó y nos mandamos, recuerdo que me comí una rica pasta con un vino tinto. Luego de la rica cena y con nueva energía, nos pusimos en marcha hacia la plaza de San Marcos. La verdad es una belleza estar ahí de noche, las luces una al lado de la otra iluminando la plaza lo convierte en un lugar único, la enorme iglesia en el final también se lleva todos los laureles. Sacamos muchas fotos y volvimos caminando al Hostel bastante realizados. Dormimos hasta las 8 AM, había que despertarse temprano para disfrutar de la mañana en Venecia. Acomodamos las valijas y se la dejamos al del Hostel para que las cuide, teníamos pensando al mediodía salir en camino hacia Florencia. Volvimos caminando a la Plaza San Marcos para verla de día, era una mañana espectacular, en que las nubes se veían rosas, en ese momento recordé una frase que decía mucho mi abuelo en italiano, “Rossa alla sera bon tempo si spera, Rossa alla matina mal tempo si avecina”, que significa que cuando el cielo está rosa al atardecer se espera buen tiempo al día siguiente pero si esta rosa en el amanecer mal tiempo está por venir. Se me dibujo una sonrisa en la cara y no me importo si al día siguiente llovía, fue un momento increíble recordar esa frase con ese contexto. Recorrimos un poco más de Venecia, volvimos al Hostel, agarramos las valijas y volvimos al auto para ir en camino hacia Florencia.

El GPS marcaba 258 KM para llegar a destino, por lo que en más o menos 3 horas, llegamos a Florencia. En el GPS pude poner la dirección exacta del Hostel al que íbamos, que era en pleno centro de Florencia. Cuando nos estábamos acercando al centro vi un cartel en el que decía que solo estaba permitido conducir a residentes por la zona céntrica. Todos omitimos haber leído ese cartel y seguimos viaje. Cuando faltaban unas 10 cuadras para el Hostel, cada vez había más gente en la calle, por lo que parecía que estábamos andando por una peatonal, entonces mi amigo que estaba manejando en ese momento, decidió no hacerle caso el GPS y doblar para otro lado, terminamos apareciendo enfrente del Duomo de Florencia, ahí si estamos en una peatonal, dimos una vuelta tratando de escapar, pero se nos puso al lado un patrullero de la Polize, bajamos la ventanilla, y nos dicen “Que hacen acá?” (Lo dijo en italiano, pero eso fue lo que entendimos) y enseguida les dije “estamos buscando el Hostel Eurostudent Home”, nos dijo que lo sigamos y se subió al patrullero. Lo seguimos bien tranquilos desde atrás, hasta que estaciona enfrente de la comisaria, pensamos lo peor, pero cuando se bajan del auto el policía tano y tana, nos dicen que el Hostel era ahí a media cuadra, que podíamos momentáneamente dejar el auto ahí mientras sacábamos las valijas y que después lleváramos el auto a un estacionamiento privado. Un increíble giro de la situación.

Mientras mi amigo fue a estacionar el auto, nosotros fuimos entrando al Hostel, esta vez nos cobraron lo que nos habían dicho, 14 euros por persona. Pero tampoco tenían tarjeta de crédito, por lo que pague en efectivo los 63 euros que faltaban. Nos dicen que el Hostel había abierto hace muy poco, por lo que estaba todo remodelado, habíamos reservado 5 camas, pero en el detalle de la reserva decía: Room details: 12 Bed Dorm - Mixed (Shared bathroom). Igualmente para nuestra suerte las otras 7 camas esa noche estaban vacías, además no era un clásico Hostel, si no que era un departamento de 3 ambientes, con dos habitaciones y un living cocina comedor con una tele gigante. Como era un tercer piso, teníamos la vista de noche del centro de Florencia. Era para quedarse un mes y no solo una noche. Esa tarde recorrimos Florencia y entramos al museo de la Academia para conocer el David de Miguel Ángel, una obra espectacular, su increíble similitud al cuerpo humano,  te deja sin aliento. Las fotos estaban prohibidas. Pero haciéndonos los boludos y esperando que el vigilador no se dé cuenta, nos sacamos algunas fotos con el David. Valió la pena, no nos descubrieron y nos fuimos felices con las fotos.

Ahí decidimos que si no íbamos a Pisa en ese momento, al otro día con el viaje a Roma en el medio no iba a ser posible ir, así que fuimos todos a buscar el auto y nos fuimos para Pisa. Nuevamente GPS, destino Pisa, faltan 86 KM, los hicimos tranquilos en una hora. Al llegar, encuentro un lugar bastante bueno para estacionar el auto y nos miramos con cara de incertidumbre de donde estará la famosa torre de Pisa, para nuestra sorpresa, apenas doblamos en la esquina cuando habíamos bajado del auto, teníamos la torre a media cuadra. Una increíble torre inclinada, ¿cómo no se cae? Leímos que gracias a un constante mantenimiento lograron estabilizarla, que cuando la empezaron a construir, solo habían hecho unos pocos metros de altura y 100 años después continuaron su construcción, al no tener una buena base, el terreno cedió, pero pudieron terminar la torre y mantenerla en pie. Llego la hora de la cena y tuvimos la original idea de cenar Pizza en Pisa.

La mañana siguiente visitamos el Duomo, esta vez fuimos a pie, pudimos ver una Piedad de Miguel Ángel, una increíble puerta de oro gigante y la vista de todo Florencia desde la cúpula. Recorrimos un poco más esa ciudad increíble, llena de esculturas por todos lados, buscamos las valijas y nos pusimos en camino hacia Roma. GPS! Destino: Roma. Faltan 277KM. Para salir de Florencia pasamos por un increíble camino de montaña con una vista de campos verdes, tuvimos que parar para sacarnos unas fotos y luego seguimos camino a Roma.

El Hostel en Roma era a dos cuadras de Termini, pleno centro de Roma, había que devolver el auto en el aeropuerto de Ciampino, eran las 5pm del viernes, tres se quedaron en el Hostel con las valijas. Con un amigo nos fuimos a devolver el auto, lo que no calculamos, es que un viernes a esa hora, en que ciudad del mundo no hay mucho tráfico. Todavía me asombra el hecho de cómo es conducir por Roma, no existe el semáforo de giro a la izquierda y la mayoría de las calles son doble mano. En un momento el GPS me dice que tengo que doblar a la izquierda, al principio desconfié, pero empecé a ver que los autos que tenía adelante giraban a la izquierda en esa esquina. El tema es que cuando se pone en verde el semáforo de la calle por la que vos estas conduciendo, también se les pone en verde a los autos que van por tu misma calle en contramano, esos autos que vienen, tienen que ser buenos y frenar para dejarte doblar. Cuando vi que el auto de adelante empezó a doblar, me le puse bien cerca para seguirlo, pero después no solo tuve que esquivar los autos que venían de la otra mano, sino también un auto que venía de la otra mano de la calle a la que quería doblar, gracias a un zigzag bastante rápido pude esquivar todos los autos, girar satisfactoriamente a la izquierda y seguir camino hacia el aeropuerto.

Tardamos como una hora y media en llegar, devolvimos el auto y los que lo recibieron, como estábamos en un galpón en el medio de la nada, nos acercaron a la parada de un bus que iba al centro. En ese momento mi amigo se toma el bolsillo de su campera y me dice “Dejé el pasaporte en el auto”. Terrible. Estábamos a 7 KM del galpón, encontramos un teléfono público, pero la gente del lugar no nos contestaba, no pare de llamar durante 20 minutos, con mi amigo nos habíamos separado y acordado un lugar para volver a encontrarnos. En ese aeropuerto, el lugar donde habíamos alquilado el auto no tenía Stand, solo tenía el galpón, por suerte una chica de otra compañía de alquiler de autos, con mucha buena onda también intento llamar a la gente de este lugar, sin obtener respuesta. Nos hicieron el tremendo favor de usar el auto con el que llevan a sus clientes, al galpón de los que no nos atendían el teléfono. Cuando llegamos, la “pareja” que atendía, había dejado el teléfono inalámbrico en la recepción y como estaban en la oficina de arriba anda a saber que haciendo nunca escucharon el teléfono. Por suerte, el pasaporte estaba en la guantera del auto, la parejita nos llevó de nuevo los 7 Km hasta la parada del bus, pero como ya era muy tarde decidimos volver en un taxi al centro de Roma.

Cuando llegamos al Hostel ya eran las 9 de la noche, 4 horas tardamos en devolver el auto, nuestros 3 amigos ya no estaban, se habían cansado de esperarnos. Como en el Hostel tuvieron WiFi, nos dejaron dicho por Whatsapp a donde habían ido a cenar. Mire un poco como ir por Google Maps, pero la verdad no me fije bien, pensé que había visto el metro, pero era el tranvía. Igualmente sacamos un pasaje de metro, porque viendo el mapa en la estación, nos dimos cuenta que nos iba a acercar a donde teníamos que ir.

En Roma solo hay dos líneas de subte A y B. En el apuro porque se nos iba un tren, nos subimos a la línea incorrecta, hicimos una estación, bajamos y esta vez pasamos por los molinetes rápidamente sin pagar para ir para lado que teníamos que ir. Bajamos del metro y tuvimos que caminar como unas 15 cuadras. Cuando llegamos al lugar que nos habían dicho nuestros amigos, lo recorrimos de punta a punta y ahí no estaban. Pude conectarme a un WiFi y ahí me llega un mensaje de que como había mucha espera en ese lugar, se fueron a otro lugar que estaba a unas cuadras. Logramos ubicar ese lugar y ¡encontramos a nuestros amigos! Cene de nuevo unas ricas pastas pero esta vez con cerveza, tenía un hambre feroz ya que ya eran las 11 de la noche. Volvimos caminando desde el Restaurant hasta el Hostel, la verdad fue genial caminar en la noche de Roma, pasamos por el puente Garibaldi para cruzar el Tíber y habrán sido unos 5 Km caminando.

A la mañana siguiente lo primero que hicimos fue tomarnos el metro e ir al vaticano, gracias a nuestro pasaporte y la visa de estudios, conseguimos pagar la entrada al museo a mitad de precio. Recorrimos el museo y llegamos a la famosa Capilla Sixtina, con el techo pintado por Miguel Ángel. Nunca fui muy religioso, pero se apreciar una verdadera obra de arte, la perfección de esos dibujos te asombra y no podes parar de mirarlo. Lo gracioso es que no se puede hablar ni sacar fotos, pero constantemente el guardia del lugar grita: “¡PROHIBIDO HABLAR Y SACAR FOTOS!” que ironía, ¿no?

Se ven cosas como un padre usando de escudo a su hijo sentado en sus piernas para poder sacarle fotos al techo. Cubriendo a mi amigo lo ayude a sacar fotos al techo con su súper teléfono, todo lo prohibido es más tentador, así que sigan así, total hablas, sacas fotos igual y de paso te divertís.
Ese día no pudimos entrar a la Basílica de San Pedro, había un cura famoso haciendo alguna y no pudimos ir.

Fuimos a almorzar y yo ¿qué me pedí? ¡Pastas! Esta vez, probé una salsa nueva, carbonara, la verdad riquísima, tiene panceta, huevo, queso parmesano, cebolla. Un éxito con el hambre que tenía. Junte la energía necesaria para conocer el lugar por el que más me motivo ir a Roma, el Coliseo.

Estar a unas cuadras del Coliseo y verlo de lejos, te emociona y se te pone la piel de gallina. No te imaginas la sensación cuando logras entrar y te acordas de la película Gladiador. Te imaginas la euforia, sangre y locura que habrá pasado por ahí y la sensación es inexplicable. No paras de sacar fotos, hasta que te das cuenta que estas sacando tantas fotos iguales que decís, basta, mejor guardo la cámara y solo observo. Vas de un lado para el otro, leyendo la historia escrita en los carteles, que cuenta como una vez se inundó la arena del Coliseo para hacer juegos acuáticos. Lo terrible fue que no podíamos entrar a la reconstrucción de la arena y tampoco al subsuelo, solo estaba permitido ir con un guía. Pero gracias a la energía de un amigo, hablo con alguien que le dijo que al día siguiente podíamos pagar un extra para agregar a la entrada la visita guiada al Coliseo y así poder entrar a la arena. Nos fuimos del Coliseo con más energía de la que entramos y nos vino perfecto.

Nos encontramos con un gran amigo de Madrid, el coordinador que unió a todos los estudiantes de intercambio, los ERASMUS. La energía de esa persona siempre fue maravillosa, las ganas que le ponía para organizar viajes mientras estuvimos en Madrid fue algo extraordinario.
Él había estado de Erasmus un año en Roma, por lo tanto la conocía muchísimo más que nosotros, nos hizo un tour caminando, en el que las piernas ya no querían saber más nada de todo lo que caminamos. Parar recuperar fuerzas comimos varias veces helado, lo malo es que no hay gusto de dulce de leche, pero igual hay gustos muy buenos y ricos.

A todo esto yo tenía un gran problema que todavía no había resuelto. El Hostel de Roma, no te daba toalla, en Venecia y Florencia eso no fue un problema ya que me dieron toalla. La noche anterior tuve que improvisar y me había secado con la sabana. Para el sábado a la noche, ya no era una opción. Conseguir una toalla era de suma urgencia. Gracias al traductor de Google, encontré que se decía “asciugamano” toalla en italiano. Mientras conocía Roma, entre como a 10 lugares preguntando si vendían “asciugamano”, pero nadie tenía. Tampoco era que no me entendían que estaba pidiendo o que estaba tratando de comprar algo muy raro, pero se ve que no entraba a los lugares correctos a preguntar. Recuerdo que perdí algunos minutos enfrente de la Fontana de Trevi preguntando si en ese local vendían una bendita toalla.

Después de un tiempo mis amigos vieron mi desesperación y obstinación por conseguir una toalla que empezaron a ayudarme. Fue en un local de comics, donde consiguieron ver que vendían toallas a 10 euros, una era de Spiderman y la otra de Bob Esponja. No lo dude y compre la de Spiderman, enseguida pensé  que cuando vuelva a Buenos Aires era el regalo perfecto para mi sobrino, que en esa época estaba muy fanatizado con ese superhéroe.

Ya estaba cerca la noche, así que decidimos ir al Hostel, esa noche había pastas gratis para todos, por lo que no tuvimos la menor duda de aprovecharlo.  Apenas llegamos vimos que había una súper olla con mostacholes y salsa de tomate. Me serví 3 veces, riquísimos.
Me fui a bañar contento de que esta vez tenía una toalla para secarme, me puse una linda camisa y me prepare para la salida nocturna en Roma.

Fuimos a comprar algunas bebidas para la previa, compramos Fernet Branca, Jagermeister y CocaCola. El gran problema de Roma, es que por ningún lado venden hielo. Increíble. Teníamos todo lo necesario para una previa genial menos el hielo.

Nos encontramos con unos amigos de nuestro amigo y guía de Roma, los amigos que él había hecho en su año en Roma. Muy buena onda, charlamos bastante y empezamos a tomar esos tragos tibios de Fernet y Jager que nos pusieron alegres bastante rápido.

Antes de entrar al boliche, club, disco, como lo quieran llamar, me hicieron un juego bastante divertido. Me taparon los ojos con una venda, me giraron la cabeza para mirar para el cielo, abrí la boca y me tiraron alguna bebida alcohólica, ahí cerré la boca y me agitaron la cabeza como si estuvieran preparando un trago y ahí fue cuando trague. No sé si era whisky o absenta, pero me dejo más en pedo que nunca.

*** Escenas perdidas bailando es lo que recuerdo ***

Salí solo del lugar y me puse a preguntar que bus me llevaba a Termini, fue algo fácil de preguntar, es como ir a Constitución o Retiro, casi todos van para ahí. ¿Todos los caminos conducen a Termini? Efectivamente al bus, bondi, colectivo, micro al que subí me dejo a unas cuadras del Hostel y pude dormir algunas horas antes de levantarme a desayunar.

La entrada que habíamos sacado para el Coliseo, también tenía validez para visitar todo lo que fue el Foro Romano y la ciudad antigua, así que ese fue el lugar al que primero fuimos esa mañana de domingo.

Luego nos dividimos, tres de nosotros queríamos volver al Coliseo para hacer la visita guiada y entrar a los lugares que no habíamos podido el día anterior.

Lamentablemente por los dos que no vinieron, la magia de entrar al Coliseo seguía intacta, además ahora con una arquitecta que hablaba español, nos contó mucho de la historia del Coliseo, como el Coloso de Nerón que estaba en las afueras, una estatua gigante de bronce de unos 30 o 35 metros de altura, que luego tuvo que ser derribada para hacer armas.

Cuando estábamos en el subsuelo, había una tuerca de hierro en el piso con el número romano VIII, esa tuerca era parte de los mecanismos de los ascensores que estaban en el Coliseo, se usaban para subir animales salvajes o gladiadores, hacerlos aparecer mágicamente debajo de la arena y agitar algún combate. ¿Sera que hubo 8 ascensores o era la tuerca numero 8? Igualmente me parece haber leído que el Coliseo tuvo 17 ascensores.

La euforia máxima es cuando entras a la arena reconstruida, una sensación increíble recorre todo tu cuerpo, queres correr y pelear contra todos. Solo terminas sacando miles de fotos, pero la sensación es totalmente verdadera.

Luego de salir del Coliseo había que reencontrarse con nuestros 2 amigos, no fue una tarea fácil, la única forma de comunicación que teníamos entre nosotros era con el grupo de Whatsapp, pero ambos al mismo tiempo teníamos que estar conectados a un WiFi para hablar en tiempo real, cosa que no sucedió, además teníamos que hacer el check-out del Hostel y encontrar un lugar para dejar las valijas. Este tema de las valijas se resolvió rápidamente, pudimos hablar con uno de los amigos (de nuestro gran guía) que vivía en Roma, bastante cerca de Terminí, como para llevar las valijas ahí.
Después de varias idas y vueltas, a las 17:30 nos habíamos reencontrado los cinco y subido las valijas al departamento. Teníamos todavía en deuda la Basílica de San Pedro, pero cerraba a las 18. Pensamos que no íbamos a llegar, pero gracias a la insistencia de uno de nosotros, convenció a todos que había que intentarlo, nos decidimos y nos fuimos en Metro nuevamente camino al vaticano. Llegamos 17:45 y entramos sin fila. Un éxito rotundo.

Recorrimos la Basílica, vimos su inmensidad, sus columnas de mármol rojo (todo el mármol rojo que antes estaba en el Coliseo, que los romanos se encargaron de extinguir en su época). Después vimos la otra Piedad de Miguel Ángel, otra increíble estatua por su perfección.

Nos acercamos a la mitad de la Basílica y ahí nos dicen que podíamos pasar si íbamos a la mesa, mucha lógica no le encontré, pero dijimos OK, vamos ahí hasta la mesa y volvemos. Cuando empezamos a caminar nos damos cuenta de nuestra ignorancia del italiano, la “mesa” no era el clásico mueble de cuatro patas, sino que significaba que a las 18 empezaba la Misa. Nos tuvimos que sentar y presenciar un rato la misa. Mi amigo estaba muy contento y yo me puse a pensar en mis abuelos, que siempre fueron muy católicos e iban seguido a la Iglesia y como les hubiera maravillado estar ahí donde estaba yo, la Misa del domingo en el Vaticano. Eso fue lo que me puso muy feliz y sentí mucha paz.

Se acercó el momento de irnos de Roma, para eso teníamos un pasaje en micro que ya habíamos sacado por Internet, desde Terminí al Aeropuerto de Ciampino.
Tuvimos que esperar bastante ese bus y hasta las 22 no llegamos al aeropuerto para retirar el auto. Esta vez nos dieron un Peugeot, bastante grande y nuevito. Ese auto tenía algo muy cómodo para manejar en la ruta, un limitador de velocidad, lo fijas en 130 Km/h y por más que dejes el pie pisando por completo el acelerador, el auto nunca supera esa velocidad. Después la reacción del auto apenas desaceleras es instantánea y no se desactiva como la velocidad crucero. De esa forma te despreocupas de superar la máxima, manejas seguro y te olvidas de las multas. La autopista siempre tiene tres carriles y están nuevas.

Esta vez el destino para el GPS fue Milán, faltan 580 KM, quedaba un largo camino por recorrer y salimos mucho más tarde de lo que habíamos planeado. Esto complico un poco las cosas porque solo manejábamos un amigo y yo. Eran las 2 AM cuando yo estaba manejando y me di cuenta que ya no estaba para manejar, que tenía bastante sueño. El problema es que no podes parar en cualquier lado en el medio de la autopista, pero cada una cierta cantidad de Km hay estaciones de servicio. Para el cambio de conductor necesariamente hay que parar ahí. En ese momento estaba yendo por una recta que no parecía que iba a cambiar en el futuro próximo, decidí ver en el GPS cuanto faltaba para llegar a la estación, grave error. Al desviar la atención en el GPS, no vi la ligera curva a la izquierda en la autopista y de repente escucho el sonido a serrucho que hace la rueda cuando estas llegando a la banquina, pude enderezar el auto y no pasó nada. El tema que antes de ver el GPS estaba conduciendo por el carril del medio, por lo que sin darme me cuenta me cruce al carril derecho hasta llegar casi a la banquina. Dos de mis amigos se despertaron porque se movió bastante el auto al ponerlo derecho. Quise salir de la cagada que me había mandado diciendo que tuve que esquivar algo que había en la ruta. Estaban tan dormidos que no me cuestionaron. Igualmente mi amigo que me reemplazo al volante se dio cuenta la cagada me la había mandado por mirar el GPS. Por suerte a los 5 Km apareció la estación de servicio y le pude entregar el mando. Alrededor de las 4 AM llegamos a Milán sanos y salvos.

El Hostel por suerte nos abrió la puerta enseguida y estaba muy bueno. Se notaba que hace muy poco lo habían hecho a nuevo. Nos fuimos a dormir enseguida.

A la mañana nos despertamos y tuvimos el primer día del viaje con nubes y lluvia. Salimos a recorrer con el objetivo de ir al  museo de Milán, que es donde está el cuadro de la Última Cena de Leonardo Da Vinci. El gran problema fue que era lunes. Los museos están cerrados los lunes. Averiguamos que al día siguiente si íbamos bien temprano era posible que tal vez pudiéramos entrar. Solo entran 25 personas en turnos de cada 15 minutos para ver el cuadro. Son muy estrictos con la seguridad. Entonces si alguien que había reservado turno no se presentaba era posible que puedas entrar. Todo este tema nos desmotivo bastante para ir. Además el martes al mediodía salía el vuelo hacia Madrid por lo que mucho tiempo no teníamos. Pero mi gran amigo, el otro conductor, el que gracias a él fuimos a la Basílica. Se puso como objetivo despertase bien temprano al día siguiente e ir a ver el cuadro igual.

El lunes continuo, fuimos a almorzar a un enorme centro comercial y me comí un escalope con papas al horno, lo más parecido a la milanesa argentina. Se ve que la milanesa no viene de Milán.

Estábamos todos muy cansados, pero mí amigo de las energías inagotables y su hambre de conocer cosas nuevas me motivo para ir a Lago Di Como, su bisabuelo era de ahí. Así que solo nosotros dos, los conductores, agarramos el auto y pasamos la tarde-noche conduciendo hasta allá. GPS! Destino: Lago Di Como, faltan 50 Km. ¡Bastante cerca! Excepto que de nuevo enganchamos el horario pico en el que todos salen a la calle con el auto, 6 de la tarde de un lunes. Tardamos un poco más de una hora y llegamos totalmente de noche. Una muy linda ciudad, como de costumbre a cada lugar que fuimos, conocimos su Iglesia y vimos de noche la vista del enorme Lago, con los Alpes suizos de fondo. Una lástima que haya sido de noche, la vista de día con el lago y las montañas debe ser hermosa. Luego de pasear otro rato, volvimos al auto y nos fuimos para a Milán a cenar.

Esa noche hubo algunos problemas. Era una única habitación con 5 camas, 2 camas marineras y una simple. Mi amigo que al otro día quería ir a ver el cuadro de la Ultima Cena, se acostó temprano, pero justo arriba de él, estaba uno de los chicos que se caracterizaba por tener un ronquido un poco elevado. Mi amigo no podía dormir, entonces le empezó a mover el colchón desde abajo, cosa que despertó y enojo mucho al roncador. Lo enojo tanto que estuvo todo el martes quejándose, haciendo gestos de que le habían cagado a golpes el colchón desde abajo. El otro al final no se pudo levantar lo suficientemente temprano como para ir a ver el cuadro y también quedo bastante molesto.

Cargamos el auto con las valijas y encaramos hacia el aeropuerto. En el camino había que llenar el tanque del auto antes de entregarlo, paramos en una estación que solo tenía biodiesel. Decidimos igual cargar ahí, pero cuando vimos lo caro que estaba costando, paramos de cargar, pagamos eso que habíamos cargado y nos fuimos a otra estación de servicio. Esta vez sí completamos el tanque con diésel común y pudimos llenar el tanque. Devolvimos el auto y volvimos en el avión a Madrid sin mayores contratiempos.

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